Wednesday, May 12, 2010

Bailar

Ahí estaba ella, ligeramente apoyada en el poste a la entrada del metro. Vestido negro, escote bajo – ah, qué bien se ve, como me gusta esta mujer– pensé.

– Una bella chica esperando por mí, no pasa muy a menudo. Te ves muy bien Cris.

– Gracias Óscar, siéntete libre de ver – me contestó dejando escapar una risita de adolescente que me provocó un cosquilleo en la piel.

– Los demás ya están ahí.

– Ah, perfecto. Me muero de ganas de bailar – me dijo.

– Que bueno, me gusta bailar contigo.

Sí que me gustaba bailar con ella. Sincronizar mi cuerpo entero al ritmo del continuo y preciso contoneo de sus caderas. Cristina es una mujer que sabe bailar.

Después de ese halago, me regaló una de sus dulces sonrisas, claramente interesada en mí. Me gusta la sensación y la seguridad que proporciona el saber que una mujer, y una mujer como Cris, está dispuesta a estar con uno.

Finalmente llegamos al antro y los demás ya habían entrado, así que pasamos por seguridad y encontramos a nuestro grupo. Inmediatamente noté que una chica nueva estaba en nuestra mesa. Se veía bien. Traía el pelo largo, suelto y ondulado; con labios gruesos y bien definidos. La sonrisa de Cris se me hace más deseable, pero esta chica nueva sí que se veía bien.

– ¡Hola! Soy Óscar, ¿Cómo te llamas? – le pregunté.

– Sofía, ¿Qué tal?

Estuvimos charlando la noche entera.

Pasada una hora, noté que Cris caminaba junto a mí. Un hombre la llevaba de la mano hacia la pista de baile. Cris adora bailar y lo hace bien. Disfruto mucho bailar con ella. Es la segunda vez que lo menciono ¿verdad?

Regresé a mi conversación con Sofía. Me platicaba acerca de un libro de arte. Cris lee muchísimo, ¡por diversión! Ella lee todo tipo de libros, le encanta la fantasía y aventuras para niños. Yo leo bastante. Me gusta la novela histórica y ciencia ficción. Cris lee mucho.

Así pasé gran parte de la noche. Cuando me despedí de Sofía, me acerqué lentamente rozando su mejilla hasta encontrar sus jugosos labios. ¡Qué delicia!, de verdad que sí. Lo mejor es que el truco funciona: deslizar la cara por un costado, lenta y suavemente. Le enseñé a Cris esta técnica pues ella no tiene la más mínima idea de cómo coquetear a propósito y pues le pasé algo de mi sabiduría. Somos buenos amigos. Me pregunto si ya ha probado ese movimiento con alguien, tal vez con el hombre con el que bailaba. Cierta parte de mí fuertemente desea que no.

Después de que Sofía se marchó, regresé a la mesa y me encontré con la mirada fija de Cris. Sonreía pero la alegría de su boca no tocaba sus ojos. Espero no me haya visto besar a la chica nueva. Ella se volvió y siguió bailando alegremente.

Cris y yo somos amigos pero no quiero que me vea besando a alguien más.

Durante el resto de la noche siguió bailando con aquel fulano. Cuando quería acercarme a ella, solamente me sonreía y volvía con él. No tuve más oportunidad de hablar o bailar con Cris. Tenía muchas ganas de bailar con ella. Cris baila muy bien. Tercera vez ¿verdad?

Bueno, después de un rato, él se le acercaba cada vez más y ella se apartaba sutilmente. Me volteó a ver con una mirada suplicante y me acerqué. Inmediatamente le dijo al hombre que ya se tenía que marchar y me tomó de la mano. Al fin entendí el mensaje. La tomé por la cintura y nos alejamos rápidamente. Unos pasos después, se detuvo y me dio las gracias.

– Parto, Óscar. Estoy muy cansada, me voy a casa.

– Pero, ¿cómo? Todavía no es muy tarde y no hemos tenido oportunidad de bailar.

– Lo siento de verdad, he bailado toda la noche y estoy cansada. Gracias por la invitación, me he divertido muchísimo. Tus amigos son increíbles.

Hablaba con una sonrisa bizarra y tenía los ojos brillantes. Se dio media vuelta y su mano escapó de la mía. Me tomó unos segundos comprender lo que pasaba.

La seguí fuera del antro. Ya estaba a media cuadra cuando la vi. Me acerqué corriendo y llamándola. Se dio vuelta mirándome directamente a los ojos. Se veía tan bella con ese vestido negro.

A veces siento que tiene una sonrisa especial para mí y me encanta. Sin embargo, me sonrió y no hallé rastro alguno de tan especial curvatura en sus labios, ¿a dónde se fue?, ¿por qué no está ahí mi sonrisa? Me le quedé mirando, nada cambió. Así estuvimos alrededor de un minuto, o tal vez una eternidad.

Se volvió de nuevo y comenzó a caminar. Intenté detenerla y abrazarla

– Cris, ¡espera!, ¿Qué pasa?

Tenuemente se deslizo lejos de mi alcance. Cris siempre es sutil y suave al tacto, lo cual contrasta fuertemente con la torpeza de movimiento que padece. Siempre anda topando con muebles, tumbando las cosas, la ropa con gotas secas de café. Cris bebe cantidades industriales de café.

– Nada pasa, simplemente estoy cansada, bailé la noche entera ¿sabes? Y en bellísimos tacones altos.

Me sonrió, todavía sin rastro de aquella sonrisa mía que tanto me gusta. Cris gusta mucho de los zapatos altos. Tiene muchísimos. Me gusta como se ve cuando los trae puestos.

Me le quedé mirando. Que bellos ojos los suyos. Son grandes y almendrados, cafés, café chocolate, casi negros y enmarcados con pestañas de longitud impresionante.

Estaba hipnotizado por su mirada. Me acerqué para besarla y repentinamente se alejó, rompiendo el momento y mi abrazo. Como una ola de agua fría a la cara.

– Me has visto con Sofía, ¿no es verdad?

Me sonrió dulcemente, todo rastro de mi especial sonrisa completamente desvanecido.

– Nos vemos luego Óscar. Me voy a casa, estoy cansada.

Estaba cansada, había bailado toda la noche. Cris baila muy bien, me gusta bailar con ella. ¿Cómo?, ¿es la cuarta vez que lo menciono?

No volví a ver a la chica nueva. Cris no volvió a bailar conmigo.

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